lunes, 18 de agosto de 2008

Cha digo


Era 1997 o tal vez 1998. Perico, dipsómano, ex cocainómano, ex amante de Ante Garmaz y, sobre todo, sonidista de AT y dueño de la sala donde ensayamos nos dice algo así: “Acá está Melingo, acaba de escaparse del Borda y anda en patas con la camisa del hospital totalmente choborra”. Y ahí estaba: Melingo. Esto fue antes de Tangos Bajos, el disco con el que inició un camino de perversión de un género demasiado sagrado (según los academicistas) para entrarle así nomás.

Melingo lo hizo. Y lo volvió a hacer. Después de varios años de contoneo sospechoso con cierta inteligentzia del género regresó con Maldito Tango. En el medio fue Ufa! un disco largo, medio urgente y desordenado. También Santa Milonga una obra de presentación, supongo, para sonar en otras latitudes como Europa. Allí le salió bien porque empezó a nombrárselo cada vez más seguido en los medios: Ojo, que cuando lo ví en aquella oportunidad en lo de Perico era la imagen muerta de alguien a quien no le podría salir nada bien hasta ponerse el piyama de madera de pino.

A veces pasa. Incluso las personas más desangeladas guardan un poco de inocencia. La ingenuidad en el amor, el trabajo y en la música, pienso, se pierde al cabo de tres décadas en la vida. Y, cada vez, resulta más difícil volver a emocionarse, querer o creer. “Cha digo” uno de los temas de Maldito Tango tiene el efecto de devolverte la esperanza. Entre tantos músicos intentando “renovar” el tango (la mayoría de las veces son sólo palabras vacías) aparece esa canción, que no es una más, sino "LA CANCION". Tal vez lo más oscuro que se haya hecho por aquí (supongo que le gana holgadamente a Carancanfunfa, tema aún inédito de AT). En esta oportunidad, Melingo, le pega un volantazo al 2x4 y lo coloca en una frecuencia totalmente distinta. Todo el disco vale la pena.
Aunque, “Cha digo”, es el mejor tema del año y no creo que pueda superárselo tan pronto.
Véalo amigo también, aunque haga mal: http://www.youtube.com/watch?v=k-gUXoMBIdM

lunes, 11 de agosto de 2008

Viñeta de pesca rosarina


El progreso, ellos lo saben, trae a la orilla pequeños tesoros, pero suele también llevarse otros más valiosos: como la marea –aunque mucho menos poético e igual de marcial-. Ellos lo saben.

Y por eso resisten, en realidad, sin hacer mucho más que gritar: “¡Va plomo!”, antes de pegar un latigazo con la caña de pesca para lanzar varios anzuelos con lombrices bien gordas encarnadas. Estoy hablando de un club de pesca rosarino, justo ubicado en una de las bajadas al río donde terminó de erigirse un monumento al porteño más recalcitrante –aunque un rosarino daría un brazo por negarlo -.
Se trata de un paseo al estilo Puerto Madero, donde hasta hace poco, estaban los antiguos galpones ferroviarios y los okupas. Los pescadores siempre estuvieron ahí. Hay un muelle medio enclenque. Cientos de ellos van los fines de semana desde hace más de cincuenta años a comer un asado, tirar la carnada y emborracharse con amigos. “¿Sabés cuál es la manera de vivir más?”, me preguntó uno. “Esteeee..., no, creo que no”, contesté. “Rascárse las bolas, así de simple, pero está terminantemente prohibido”, me dijo. El club tiene mesas. Se exige llevar por decoro un mantel y hay unos cuantos lockers oxidados donde guardan sus enceres de pesca. “Antes yo venía acá y sacaba cualquier cosa... ahora no hay un porongo”, me comenta otro. Está por echar al agua un extraño aparejo especial para pescar sardinas: al parecer, esos peces –que conozco bien, pero enlatados- suben del mar hasta aquí para desovar.
Los pescadores están preocupados. Entienden que no les queda mucho tiempo. “Esto habría que arreglarlo”, escuchó decir, como al pasar, a un rosarino calzado en sus zapatos náuticos –abundan por esas tierras- en cuanto ingresa al club. Supongo que, a pesar de que siempre estuvo aquí, lo acaba de conocer. Claro, ahora, esta parte de la ciudad es una meca comercial, un paseo para los bienintencionados ricachones de la antigua Chicago argentina. Y el club, a todas luces, no reúne los estándares que pretenden para lo que descubrieron como “la costa del río”.
Uno de los fisherman un poco impresentable, de repente, levanta algo pesado del fondo de ese río color león, por el cual, el tránsito de buques cerealeros es incesante. “Qué es eso”, le preguntó. “Un moncholo”, contesta. Y sale un pez, tipo bagre con unos bigotes larguísimo y una panza a punto de explotar: “Es transgénico, comen la soja que se cae de los barcos” me dice y se ríe. Todos pescan. Algunos apuran un vasito de vino. Arriba, en cambio, los turistas –una nueva raza- y los rosarinos amantes del progreso quieren echarlos a patadas.
El primer bastión del cambio inexorable se llama “Los jardines de Hildegarda”, un restaurant muy pomposo (incluso desde el nombre) que reemplazó a Guillermo Tell, el antiguo club de pescadores. Allí, donde estaban las parrillas y las mesitas, ahora, hay diseño puro: la nueva estética que reemplazó a las mesitas con mantelitos de hule fue impuesta por el “artista plástico” de marras de Rosario: en verdad, un tarado que pegó recortes de revistas en las parede al estilo De Loof en el El Dorado de la década del ochenta. Incluso, no falta la foto del Negro Olmedo al lado de la de Marilyn Monroe para darle un toque local.
Pienso: ¿Tantos años en la lona, chupando birra en los bares viejos, imaginando “proyectos” que creían increíbles... derivó en esto? Los rosarinos deberían estar un poco avergonzados, porque, en definitiva “el proyecto” no era más que un Puertito Madero. “Hilde-garca” terminó con el antiguo club. Ahora, hay cocina gourmet y el muelle está cerrado al paso. No se porqué, pero espero que el agua suba y termine de llevarse a esta elitización estúpida, sin onda, de algo que hasta no hace cinco años era un refugio.
No me anima la nostalgia a escribir esto, pues de rosarino no tengo nada. Sólo amigos. Pero presiento que a los librepensadores de esa ciudad, magnífica y llena de sortilegios, les han lavado el cerebro.
Máxima: ¡¡¡Un gobierno socialista no implica un carajo!!!
Para este posteo se me ocurrió música de Vera Baxter, una banda de Rosario y amiga de AT que me parece de lo mejorcito. Están por sacar su próximo disco que escuché y me pareció muy interesante: http://www.youtube.com/watch?v=nM_V95Nl0-k
Esperemos que este año volvamos a tocar allá, como lo hicimos en los últimos tres... antes de que a algún artista gourmet se le ocurra el sushi de boga.

domingo, 3 de agosto de 2008

Saludismo perverso


Las religiones o el comportamiento religioso siempre provoca sospechas.
Y no estoy hablando de los dogmas clásicos como el cristianismo, el judaísmo, el protestanismo, el luteranismo, el calvinismo, el hinduismo, el shintoismo, el islamismo, el taoismo y algunos “ismos” más. Sino de otros nuevos, solapados, aún sin organización, pero mucho más dañinos, si es que puede haber algo peor. El culto por la salud, la vida sana, el “mantenerse joven” creo que es la nueva religión de occidente, con consecuencias que, todavía, no pueden sopesarse en toda su magnitud.

Como sea, legiones de personas en el mundo consideran, hoy a la salud, como un valor moral, más que una dicha. Y, a la enfermedad, como un pecado, más que una caída en desgracia. Es grave. Muy grave: de una insensibilidad perversa. Los niveles de megalomanía por centímetro cuadrado alcanzan un grado que no podrían haber imaginado ni Napoleón ni Adolf Hitler. La transvalorización que vaticinó Nietzsche, justo para esta época de la historia, qué curiosidad, nunca estuvo más clara. Hay que dar la “vida” por la "salud”.

Toda religión tiene sus rituales y códigos. El “saludismo” también. Miren sino a todos esos jóvenes, “viejos y torpes”, calzándose pantalones de felpa y las zapatillas para participar del “tenkei” (10K). O los miles que ejercen un juego sádico con quienes no aceptan dejar de fumar o de beber. Cuidarse la salud, vivir más, y ser joven, aparece increíblemente relacionado con el buen temple y la seguridad que deberían transmitir o intentar vender los mejores exponentes de la sociedad. Entre los hombres, frente a la inseguridad general de un género en extinción, el “saludismo” se propaga como la peste. Estos muchachos, ahora, se cuidan, trabajan, ganan mucho dinero -eso dicen- y, como si fuera poco, viven eternamente.

No hay conversación que me cause mayor aburrimiento que la que gira en torno del cuidado del cuerpo: un elemento, además, que presiento perecedero. Inclusive esta nueva religión cuenta entre sus filas a “atletas del progresismo” (AP) que consideran una gran batalla ganada a las tabacaleras, por decir algo, que en la Capital Federal o en Rosario se haya prohibido fumar en los locales públicos. Ellos, pobres imbéciles, corren -siempre es lo mismo- todas las mañanas o juegan al squash y comen hierbas, mientras el resto de los subnormales, toma whisky, se emborracha, fuma como murciélagos y, para colmo –algo imperdonable-, pichan de vez en cuando.
Estos señores, los “AP”, para colmo suelen quejarse el autoritarismo, de la insensibilidad social del sistema y, de pajas por el estilo, cuando representan, a esta altura, a la policía más abominable: la que no permite disfrutar del propio ocaso, la del "gatillo (nike) fácil". "Después te sentís mucho mejor" suelen argumentar los saludistas sobre el tema de correr y correr y correr.
Como dijo alguna vez un pensador argentino a quien no voy a nombrar (no me acuerdo el nombre): “Querer ser saludable en un mundo enfermo es realmente patológico”.

Hace años salía de un boliche localizado en Avenida de Mayo, digamos que en mal estado, y casi me atropella el ejército “tenkei”: www.youtube.com/watch?v=6tKk06sSPOY. Recuerdo que eran como las 9 del domingo y, claro, no había reparado en que estaba cruzando la línea de largada de una exhibición del “saludismo” más rancio por la avenida 9 de Julio. Estos milicos en pantaloncitos cortos estuvieron a punto de aplastarme y escuché que alguien me puteaba por lo bajo (creo que me dijo "puto" con mucha "p")

En perspectiva, ya empiezo a tomarle cariño al hecho de ingresar a una iglesia, sentarme ahí, pensar en silencio y hasta tirarme algún lance con un santo a ver si se cumple algo. Música para esto se me ocurre mucha. Pero este tema de “vida saludable” me parece que resume mis sentimientos: http://www.youtube.com/watch?v=VxCM9dellRs

domingo, 27 de julio de 2008

Bien cagados



Cagar puede ser un paraíso, pero también un infierno y, sobre todo, una obra de arte. Sino miren esto. Ocurrió la semana pasada y, para mí, fue la gran noticia, aunque no la vi en ningún lugar publicada. La historia es así: “Un servicio policial fue contratado en la ciudad uruguaya de Durazno (183 kilómetros al norte de Montevideo), para custodiar un inodoro francés de 1887 en funcionamiento, valuado en 800.000 dólares por el museo del Louvre, informó este martes el gobierno departamental”.
Creo que en la historia, la relación del hombre, con este accesorio tan caro a la intimidad ha sido más que buena. Fijense que incluso nadie pensó en suplantar al inodoro por “nuevas tecnologías”, sino que todo lo contrario, el agujero de losa, sigue siendo la mejor opción. Creo, también, que no se ha escrito mucho sobre el hecho de cagarse encima. Pocas cosas son tan inconfesables, aunque, al mismo tiempo, tan masivas. Un retorcijón le puede pasar a cualquiera y, cuando llega, el mundo es una mierda con todas las letras.


Podría aventurar que muchas de las medidas, por ejemplo, de un Presidente, furcios en discursos y hasta conflictos bélicos, tienen que ver con ese instante de zozobra, transpiración fría y desesperación. “Señor, tiene que firmar esta resolución”, me imagino diciéndole un Ministro al Presidente. Y él: “Uhhhh, ¿cuántas páginas tiene?”. “Ciento veinte, Señor”, le dicen. “Bueno, dame que la firmo ya mismo porque me…” y no termina la frase. Mete el gancho y sale disparado al lujoso, blanco y prístino inodoro del despacho presidencial. “Ahhhhh, qué se vayan todos a la mierda”, concluye el Señor y nunca tuvo tanta razón.


Conozco músicos –no voy a dar nombres- que tuvieron que abandonar el escenario repentinamente para ir a cagar desesperados. Sus compañeros lo miraban salir corriendo y no entendían nada. El público siempre agudo, imaginaba alguna tropelía con un papel sin terminar, o cosas por el estilo. Y nuestro muchacho, lo único que quería era desembarazarse de semejante carga. Lo peor es que la banda en cuestión –no voy a nombrarla- no se caracteriza por temas de dos minutos. Puedo ponerme en la piel del baterista –perdón, se me escapan algunos datos sin querer- cuando sólo iban por la introducción del tema de siete minutos y ya no daba más. ¿Quién puede llevar el tiempo musical ante semejante urgencia?


Hay gente que puede ir a cagar a cualquier baño. Otros no. Aguantan hasta llegar a “su” baño. Esto puede acarrear fases de increscento sufrimiento imposibles. La peregrinación hasta alcanzar el picaporte, abrir la puerta, darse la vuelta, desabrocharse el pantalón, bajarse los calzones o la bombacha -ventajas de no usar- y dejarse caer en la boca del lobo podría asemejarse al vía crucis, pero considero que todavía es peor –qué pesa más: una puta cruz de madera o dos días de angustia concentrada en el estómago-.
En cambio, los que sufren menos, los que se ubican en una escala menor de la evolución humana, apoyan el culo en cualquier lado. Siempre me sorprendió esa gente: van cierran la puerta del habitáculo que hace de baño en un bar repleto con 1000 personas, por decir algo, y cagan sin problemas, ni remordimientos. ¿El papel? A quién carajo le importa. Ellos siempre encuentran algo y puede ser, según me confesó uno de ellos, hasta las prendas íntimas del momento.


Pero volvamos al principio. La noticia del hallazgo del inodoro en Uruguay sigue de este modo: "Se trata de un inodoro francés de porcelana blanca, de 1887, pintado a mano por dentro y por fuera con una técnica de oriente en tinta de calamar azul. Conserva su sello original y hay solo tres en el mundo. La nueva "joya" uruguaya se encuentra en uso cotidiano por funcionarios municipales, en una antigua casa que perteneció al médico y filántropo italo-uruguayo Emilio Pensa a fines del siglo XIX, quien equipó y decoró la misma con una marcada influencia de la cultura francesa”.
Me imagino a los funcionarios “municipales” charrúas, ahora, con el inodoro bajo custodia policial. Después de los diez litros de mate, entre las 9 y las 10 de la mañana, no entiendo como la losa seguía pintada de azul.


Alguna vez lo dije. Tengo un inodoro inglés. Es de marca Reversas (no es el de la foto) y, ahí, donde todo da en el blanco hay un escudo con la coronita de las islas. Eso le da un placer doble al hecho.

Puedo sugerir músicas para el acontecimiento. Pero, sin duda, algo clásico va muy bien con esto. Se me ocurrió este tema de un compositor nuevo argentino, Ulises Conti, a quien recomiendo escuchar mientras... ya saben.





domingo, 20 de julio de 2008

Pasen y vean


Iba a recomendar que escucharan a T-Bone Burnet y a Hugo Race. Pero recomendar algo a alguien puede resultar peligroso. Sino imagínense el cargo de conciencia del que sugirió el nombre de Cleto para acompañar a la Señora. “Es un muchacho del interior calladito y prolijo”, deben haber sugerido en el seno del régimen.
Y aquí estamos en la tribuna del nuevo circo. Recuerdo que el miércoles pasado me dormí después de un nebuloso ensayo de AT. Había visto el número central en la carpa del Rodas, con un tal Ramón Saadi, como un siniestro entrepeneur conocido y certero.

Pero con sorpresa, a la mañana me desperté con la insoportable música del Cirque du Soleil de fondo. Sin imaginarlo, amanecí en un país democrático, transparente y con instituciones incorruptibles gracias al desconocido payaso Cleto. Pero no se porqué –no debería, lo sé- ya estoy extrañando al oso boxeador, famélico y desmechado; al león drogado, los payasos de siempre con nariz de payaso bien roja –de borrachos- y el olor a kerosene berreta que emana del traga antorchas: un limado que no encontró un trabajo mejor –alguien debe acordarse del Indio Watanga en la Nave Nave-. Yo no le creo mucho a esta carpa prolija, blanca y de diseño. Ni a los payasos inteligentes y sin pena; tampoco a toda esa música hight tech en vivo y, menos aún, a los malabaristas que superaron hace tiempo la parada del semáforo, aunque sigan intentando las mismas pruebas. Ni hablar de todas esas caras alegres pintadas de falsa y limpia tristeza para contar una engañosa historia épica que no cierra nunca.
La banda de sonido para todo esto, al menos, para mí, está a cargo de Tiger Lillies. Esta banda inglesa se me ha revelado desde hace bastante como de lo mejor. Esto no es Alegria, ni tampoco la típica musiquita circense de moda. Tiger Lillies, producidos al principio por Severin y acompañados, en un disco, por Alexander Hacke, de EN, hicieron la música de esta obra mucho antes de que nos pasara. ¡Pasen y vean! No lo dejen pasar…
http://www.youtube.com/watch?v=O3GpX8AXNRk
http://www.youtube.com/watch?v=rpefat6TgII&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=5nWDwDbi7No&feature=related

domingo, 13 de julio de 2008

Carnada viva



"Hay podrido". Una frase así, escrita con tiza sobre un pizarrón al costado de un camino, no puede -ni debe- dejarse pasar. "Carnada viva", dice más abajo en el anuncio, y entonces, es mejor acercarse al extraño puesto a ver qué pasa.

Una mirada morosa del otro lado del mostrador nos indica unos vasitos de plástico con tierra: "Lo mejor para vos va a ser la lombriz", sugiere. Bien, entonces, la cosa es con "la lombriz". Nos llevamos uno de esos vasitos medio escondidos entre las ropas y partimos, junto con DF -tecladista y artífice de Satélite Kingston- a buscar la mojarra gigante, una extraña especie muy codiciada entre los pescadores.

Después de muchas vueltas llegamos al sitio. Un riacho, al cual, accedimos después de trasuntar bares de mala muerte y de emborrachar a viejos guías de Gualeguaychú con el fin de que dejaran caer el dato. La tarea fue difícil, pues, el mejor lugar, ahí, donde la gran mojarra aguarda voraz, no se entrega tan fácilmente y menos a dos forasteros con cara de nada. "No, flaco, pero eso sale con pasta", nos anuncia uno de los expertos. Ahhh! Nos cagaron con la lombríz.

La pesca es una actividad extraña. ¿Qué pasa por la cabeza de un tipo que espera horas y horas a que se mueva la puntita de una vara? No sé. Lo que sí sé es que en la Argentina se practica muchísimo: hay excursiones que salen hasta desde el Obelisco. Las combis aceleran de madrugada cargadas de gente, en su mayoría hombres, con rostro serio. Llevan siempre una caja como de herramientas y varias cañas envueltas en lonas; tal vez, añaden una botella de ginebra y la mayoría de estos tipos son pelados. Todos, según puede intuirse a simple vista, saben un poco más que el resto y, se supone, que dentro de sus cabezas nadan los peces que van a capturar un poco más tarde -para no defraudar a la patrona que los dejó escapar-.

Estoy hablando, por supuesto, del pescador raso, el de la carnada "podrida" y "viva", y que odia a aquellos que quieren transformar a esto en un deporte de elite tipo, "pesca con mosca", con catch and release, con señuelos sin olor, sabor, ni mugre.
La carnada "podrido" consta nada menos que de tripas de pollo infestas de varios días o meses; "pasta" es una mezcla de granos de maíz -aunque parezca increíble los peces comen eso- con una excecrante sustancia pegajosa y la "viva" son pequeños animalitos -crías de peces también- que se pinchan en el anzuelo como vienen.
Son personajes oscuros los pescadores.

Siempre me atrajeron como espectros de la "vida simple" y decidí volverme uno de ellos. No lo conseguí del todo. De más está decir que jamás apareció la mojarra gigante y sólo quedó esta foto sacada por DF para hacerle honor a la "pesca" que aparece como tema en la bajada de este blog

*Para quienes quieran chusmear la relación del rock con la pesca aquí va un capítulo de "Fishing with John": el mejor programa del género. Los parecidos del relato anterior con esto son, obviamente, un gesto. Aquí John Lurie, saxofonista y actor -"Bajo el peso de la ley", por ejemplo- lleva a pescar nada menos que a… Tom Waits http://www.youtube.com/watch?v=XUCuAgFjcM8

viernes, 4 de julio de 2008

Un cacho de nada


La poesía me resulta un arte oculto. Leer parrafadas con palabras metidas con garrote para provocar metáforas medio crípticas me desalentó mucho en mi vida. Las letras de algunos temas del rock, de todos modos, me decían al oído que la poesía no era, en sí misma, algo intragable, sino que se trata de un género un poco maltratado.
Más allá de algunos textos de Charles Boudelaire (en Flores del Mal, sobretodo), el resto de los que podrían denominarse clásicos tampoco me gustan. Devoré a Rubén Darío y nada. Probé con Charles Bukowski y, presentí, que eso no era poesía, sino otra cosa, divertida, pero lejana.
Pero un día algo pasó. Cuando las letras de algunos tangos, sobre todo de Discépolo (incomparable a pesar del cliché) Contursi, Cadícamo y Homero Manzi tocaron mi fibra íntima empecé a bucear en algunos autores ligados al tango, pero que no se dedicaban exclusivamente a hacer letras. Y lo encontré. Estaban ahí, bastante cerca y, sin embargo, lejos. Sucede que estos autores de poesía no aparecen en los estantes destacados de las bibliotecas y librerías. Ya Oliverio Girondo y “La Pizarnik” (por qué el artículo tan feo) me habían llamado la atención. Pero, cuando tomé en mis manos “El gato escaldado” de Nicolás Olivari entendí la poesía (o eso que debería llamarse así) http://www.elortiba.org/olivari.html.
Más tarde llegué a Luis Alposta (médico aún en vida) en “Con un cacho de nada” (hizo letras para Edmundo Rivero y Melingo) http://www.youtube.com/watch?v=UOIWf1v6xWk-.
El derrotero me dirigió hacia Mario Jorge De Ellis (bastante muerto), con “Litoral de angustia”. De Ellis, me enteré, más tarde, era tío abuelo de Marcos C., el violinista de AT, con lo cual, el regocijo fue mayor (me regaló una antología esencial que pico hambriento siempre que puedo).
Aquellos a los que la poesía les resulta una cagada -sin eufemismos-, en fin, aquí tienen algunas opciones de autores y un ejemplo:


Cuartetos para un ahorcado
Alposta


“Dicen que fue en el árbol del pasado
donde colgó la soga del recuerdo.
¿Filósofo, poeta, loco o cuerdo?
Nos pregunta su sombra desde el muro...

Sólo sé que vistiendo traje oscuro,
ciñó a su cuello el lazo, suavemente,
dejó caer el banco del presente
Y le sacó la lengua a su futuro”




El que tenga aportes de otros autores, bienvenido (aclaro que Raúl González Tuñón y Julián Centella son un posteo aparte, antes de que los mencionen)